domingo, 21 de septiembre de 2008

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Hoy fui a la casa de mi abuela paterna a almorzar. La verdad es que no iba con muchas ganas, pero le había prometido a mi papá ir a visitarla esta semana.
Mi abuela es de esas personas frías, que rara vez demuestran afecto y si lo hacen es de una forma poco convencional… y por primera vez pude empatizar realmente con ella.
Durante el almuerzo me contó que estaba aburrida de su vida, que en la casa nadie le habla, que no sale porque le da miedo que la asalten y que mis primos la utilizan como billetera, y pensé que si mi vejez fuera así me gustaría morir joven.
Es raro cuando una persona cercana se quiebra y saca a flote todo lo que la está atormentando. No supe qué hacer ni qué decirle en ese momento porque no esperaba tanta sinceridad de su parte. Y bueno, ahora que lo pienso, ella fue uno de los patrocinadores de mi existencia y en este preciso instante me agrada respirar este aire saturado de feromonas (no sé si cuando termine la semana diré lo mismo, pero lo importante es el presente), así que le haré un regalo y la sacaré a pasear cuando pueda para activarle las endorfinas.

¿Por qué estoy escribiendo esto en el blog?
No tengo idea, debe ser porque me achaco por nimiedades cuando hay personas que realmente lo están pasando mal, así que ayudarla es una forma de agradecer al fate, dios, lo que sea.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿sabes?

Eso se llama empatía.


¿sabes otra cosa?

Cuando comienzas a desarrollar sentimientos por alguien, de pronto el mundo se hace un poquito menos nihilista y más llorón.


¿sabes una última cosa?

Por muy asquerosamente meloso y mamón que suene. Puta que es disfrutable y termina importandote una porquería lo que piense el resto. Lo que vives y sientes es único. Digno de envidia. Y saca a pasear a tu aguela. De repente esos vínculos que se crean pareciera que de manera fortuita, son los más duraderos.

Anónimo dijo...

Qué nice.
Me gustó el último párrafo, especialmente lo de los vínculos...
Suerte con los ensayos, jeje.